La letra K



Sobre la grafía K pesa una historia española de triste exilio y confinamiento gramatical. Durante buena parte del siglo XIX, la K fue expulsada de nuestro abecedario por la ortografía académica, como siglos antes lo fue también del latín clásico. Por una y otra causa, apenas se colaba esta extravagancia en nuestra pueril escritura de macilentos cuadernillos Rubio, que prefería en los años de la Formación del Espíritu Nacional de las escuelas del régimen sustituir ese accidente gráfico por la C: cacatúa (del malayo kakatuwa), canguro (del inglés kanguroo) o esmoquin (del inglés smoking). De este modo, la K se convirtió en letra maldita de problemas matemáticos con kilómetros y kilogramos.

“Durante buena parte del siglo XIX, la K fue expulsada de nuestro abecedario”

En un momento dado, en el que todavía Europa no nos ofrecía su maná de préstamos de reconstrucción, recibíamos a cambio otros préstamos lingüísticos que incorporaban la oprobiosa K. Como la K es letra con frenillo, al paso fue rápidamente sustituida por la C y la Q para volver a condenarla al banquillo de los suplentes: kimono por quimono, kaki por caqui, bikini por biquini. Y es que solo el bikini era sensual cuando se escribía con K, como debía ocurrir en Suecia, porque cuando se escribía con C era como colocar tal prenda a Florinda Chico.

Pero la K es letra de ataque y de defensa, kung-fu y karate, acaso kamikaze, y pronto fue penetrando en el hondo castellano al son del kétchup, del kiwi, del karaoke y del kayak. En el pasado de la memoria del caserío, ya empezaban a asomar los Koldos con ocho apellidos vascos que habían sido arrinconados por los Luises, en retirada actual dejando huérfanos a sus cien mil hijos. Tanto fue así que la K se convirtió en grafía rebelde, de la música bakalao, de la revuelta ákrata y del viejo espíritu de Vallekas ahora transportado a un kasoplon en Galapagar. Los mismos que indignados en el 15-M hablaban de los bankeros y de la Mili KK. Fue la banda Reincidentes la que tituló una canción bajo el nombre de Okupa, cuya penúltima estrofa dice así: “Ante el paro y la especulación/patada en la puerta, ¡sí, señor!/Okupar es preocupación/por hacer más cosas y mejor”. Los mismos también que ahora han sustituido el “que” por la K en la mensajería móvil.

“Se convirtió en grafía rebelde, de la música bakalao, del viejo espíritu de Vallekas”

Kuando el Kongreso en Komisión diskute en komparecencia la antiokupación, es que la K ha konquistado a la C, kon Karmen Kalvo o kon Kasado. La K se ha deklarado en desakato y kubre todo el diskurso, desde Kataluña hasta la Konstitución. La K ya no es exklusiva de la izkierda porke los konservadores ya la aplikan. De la okupación a la antiokupación, en la era Kovid. Kon K de Krisis. Kon K de Konfusión.