El regalo de Vox



La moción de censura será un fracaso. Vox sabe que el pleno del Congreso, que ha de debatirla el miércoles próximo, la tumbará por una aplastante mayoría y que lo más probable es que el candidato aspirante solo sume los votos de su grupo. Son conscientes de que Santiago Abascal no recibirá apoyo externo alguno y está en sus cálculos desde el principio, a pesar de lo cual siguen adelante por entender que aparecer solos contra el mundo contribuye a realzar su oferta radical y ponerles en valor. La moción será defendida desde la idea públicamente expresada de que hay que apear del poder a un Gobierno “socialcomunista ilegítimo y criminal vinculado a regímenes totalitarios que quiere romper España y llevarla a la ruina”.

Palabras gruesas, como las expresadas el miércoles en la sesión de control que retumbaron de nuevo en el hemiciclo augurando un debate bronco hasta la obscenidad. Un proceder que sus autores justifican por la necesidad de presentar una alternativa a la estrategia del PP que, según ellos, no es otra que esperar a que el país se deslice por el precipicio apostando por el “cuanto peor mejor”. 

“[Vox entiende que] aparecer solos contra el mundo contribuye a realzar su oferta radical y ponerles en valor”

Este es el mensaje clave que subyace en la iniciativa de Abascal y con el que pretenden poner en evidencia a Pablo Casado en un momento en que consideran su liderazgo muy debilitado por las críticas con sordina de sus barones. Tal pretensión es la que fundamenta a su vez la convicción generalizada de que más que contra Pedro Sánchez lo que Vox plantea es una moción de censura contra Casado y su partido, en cuyos caladeros tradicionales lanzan las mallas sus arrastreros. En ese debate, Abascal tratará de alejar aún más al líder del PP del centro político y atraerlo a su terreno, donde nunca podría competir con él en radicalidad porque nada hay a la derecha de Vox salvo la selva.

Será pues un debate incómodo para los populares, que han de afinar mucho para mantener incólume su bastión de liderazgo de la oposición sin hacerle el juego al candidato que se postula a la presidencia del Gobierno.

“Nada hay a la derecha de Vox salvo la selva”

Paradójicamente, al otro lado del arco parlamentario, la pretendida censura se contempla como una oportunidad de volver a escenificar la conjunción en torno a Sánchez de todas las fuerzas que propiciaron en enero su investidura, desde la izquierda a los nacionalistas, pasando por los independentistas y regionalistas. A ellos habría que añadir ahora el enfático rechazo a Vox expresado por Ciudadanos, que ha calificado su iniciativa de “operación de marketing puro y duro” en la que Santiago Abascal y los suyos pretenden beneficiarse de la polarización.

Para el Gobierno, esa confluencia en el rechazo es observada como un magnífico precedente para allanar el camino del pacto presupuestario imprescindible para darle estabilidad a su coalición el resto de la legislatura.

Tal proyección de futuro explicaría la sonrisa que dejó escapar el presidente del Gobierno cuando el líder de Vox anunció antes del verano en el Congreso la presentación en septiembre de una moción de censura contra su persona.

El taimado ejercicio de la política española exige leer entre líneas para buscar siempre las segundas derivadas. Abascal puede ganar aunque pierda, y para Sánchez la censura de Vox es un regalo. Nada en realidad es lo que parece.